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Te explicamos por qué te pones de malas cuando tienes hambre

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Te explicamos por qué te pones de malas cuando tienes hambre

Hay personas que reaccionan al hambre con total normalidad, pero hay otras que apenas la panza les empieza a hablar, pierden el control y pueden convertirse en tu peor enemigo.

Puede que a ti te suceda lo segundo.

Si formas parte de este grupo, ya no desesperes; no eres un desadaptado social ni estás loco (bueno, puede que sí pero no por esta razón en específico). Hay tres explicaciones científicas de por qué la gente debería huir de ti cuando te sientes hambriento.

 

1.- Tu cerebro es adicto a la glucosa

A diferencia de otros órganos de tu cuerpo, el cerebro necesita un fluido constante de glucosa para funcionar a toda máquina.

Mientras más tiempo pases sin alimentarte, más disminuirán tus niveles de glucosa y debido a esto, a tu cerebro pueden resultarle difíciles tareas sencillas que requieran un mínimo de concentración.

Es por eso que, con las interacciones en las que pensamos menos (familia y amigos de confianza), podemos perder un poco el control y dejar escapar ese adicto neurótico que ha engendrado nuestro cerebro.

 

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“¿Dónde está mi hamburguesa?”

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2.- Tus hormonas pierden su equilibrio

Cuando tus niveles de glucosa están bajos, tu cerebro le envía señales a otros órganos para que lo ayuden a subirlos.

Es como cuando llamas a tu amigo porque necesitas que alguien te lleve al aeropuerto.

Y en este proceso se libera una famosa hormona llamada adrenalina, que es la misma que se activa en situaciones de vida o muerte…

¡Así que no es tan raro que nos pongamos un poco sensibles!

 

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Si se demoraba un poco más, me lanzaba por la ventana

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3.- Estamos programados para ello

Hay un transmisor en nuestro cerebro que se encarga de los receptores que regulan el hambre, el enfado y la agresividad.

¡Así son nuestros genes!

En el pasado (y me refiero a bien atrás en la historia) no era tan fácil como entrar a un McDonald’s y pedir la hamburguesa McGrasosa.

¡No!

Teníamos que luchar con un tigre colmillos de sable, en un combate a muerte para ganarnos una buena cena,y llevarla a nuestra tribu para ser homenajeados toda la noche…

Ok, tal vez estamos exagerando.

Pero estamos diseñados genéticamente para enfadarnos cuando sentimos hambre.

Hagamos comida, no la guerra.

 

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“Con el hambre que tengo y pediste ensalada…”

 

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