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[PERFIL] Fidel Castro: el hombre que partió la historia de América Latina en dos

This file picture from December 15, 1986, shows former Cuban President Fidel Castro (C), Nobel Literature Prize Gabriel Garcia Marquez (L) and movie director Fernando Birri (R) during the inauguration of the International School of Cinema in San Antonio de los Banos, Havana province.    AFP PHOTO/Adalberto ROQUE (Photo credit should read ADALBERTO ROQUE/AFP/Getty Images)

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[PERFIL] Fidel Castro: el hombre que partió la historia de América Latina en dos

En diciembre de 1961, dos años después de la Revolución, la CIA elaboró un perfil psicológico de Fidel Castro. En tres cuartillas, el organismo de inteligencia norteamericano esbozó lo que entonces surgía como la hoja de ruta con la cual el presidente John F. Keneddy planearía la manera de abordar las relaciones con él y con Cuba.

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El perfil describía a Fidel como un hombre cuerdo, pero altamente neurótico e inestable. Hiperactivo, revolucionario, agitador, con grandes ansias de poder, que necesitaba la aprobación de las masas y que poseía una “superior capacidad intelectual”.

“El egoísmo de Castro es su talón de Aquiles. Narcisista al extremo, en la victoria debe controlarlo todo, sin delegar autoridad. Cuando se enfrenta a la derrota, su primera preocupación es retirarse para reagrupar sus recursos”, decía el informe de la CIA sobre Castro.

El hombre que había logrado derrocar al golpista presidente Fulgencio Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959, acompañado por su hermano Raúl,  Ernesto ‘Ché’ Guevara y más de 80 hombres armados y entrenados por dos años en Sierra Maestra, en las montañas de Cuba, no era alguien con quien pudieran tratar fácilmente.

En efecto, según cifras estimadas por el servicio de inteligencia cubano, hasta el 2007, Fidel Castro sobrevivió a por lo menos 638 intentos de asesinato ordenados por el Gobierno de los Estados Unidos.

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“Castro parece ser un individuo pasivo que se defiende de sus miedos (…) con la exaltación de sus maneras agresivas y sádicas. Su hiperactividad, la anulación de la rutina, la falta de organización, su impulsividad, sus rabietas, sus tendencias masoquistas, incluso con un deseo hacia el martirio, parecen relacionadas al costado femenino-pasivo de su personalidad. Su necesidad compulsiva de estar “en la cima” y no ceder jamás el control o la autoridad, es otra indicación de sus miedos respecto a la pasividad”.

Ese miedo a la pasividad y a la ausencia de poder fue lo que precisamente hizo que el mundo entero se sorprendiera cuando en el 31 de julio del 2006, disminuido por una intervención quirúrgica intestinal, Fidel Castro diera un paso al costado y dejara el camino libre a su hermano Raúl para que tomara las riendas del Consejo de Estado de Cuba.

Desde entonces, Fidel comenzó un lento camino hacia el retiro, enmarcado por deterioro físico, rumores sobre su muerte y algunas apariciones en charlas con personalidades como el cineasta norteamericano Oliver Stone, quien lo entrevistó por 30 horas para su documental ‘Comandante’; Diego Armando Maradona, quien incluso lleva tatuada la cara de Castro; y visitas de jefes de Estado, donde se destaca la cercana relación política, comercial y personal que tuvo con Hugo Chávez, de quien fue su principal mentor.

Cuba antes de Fidel

En 1958, mientras el Movimiento 26 de Julio –que lideraban Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, ‘Ché’ Guevara y Raúl Castro— se expandía desde el sur hacia toda la isla, el panorama en la Cuba capitalista no parecía propicio para una revolución.

En la década de los cincuenta, antes de la llegada de los Castro al poder, Cuba alternaba entre el segundo y el tercer lugar en Iberoamérica en ingresos per cápita, doblando a España y superando a países europeos como Italia.

En efecto, según el filme ‘Cuba before Fidel Castro’, producido por el cubano Enrique ‘Henry’ Pollack, exasesor de la congresista republicana Ileana Ros-Lethinen y profesional de la radio, nacionalizado estadounidense, Cuba era una de las economías más estables de l región.

En 1958, la isla ocupaba el tercer lugar en América Latina en reservas de oro, dólares y valores convertibles en oro, de los cuáles el 63% era controlado por bancos cubanos. Tanto así, que el peso cubano se cotizaba a la par con el dólar.

En aquél tiempo, en Cuba existían alrededor de 38 mil fábricas y 65 mil establecimientos comerciales, que representaban más de USD 4778 millones para la economía de la nación.

Y no solo en el ámbito económico. Según la ONU, en 1956 Cuba era el segundo país de Iberoamérica con más bajo índice de analfabetismo. Igualmente, según el filme producido por Pollack, el país caribeño era el segundo país en Iberoamérica en mayor consumo per cápita de calorías diarias, con 2870, solo superado por Uruguay.

Y es que hasta entonces, Cuba fue también un país pionero en muchos desarrollos tecnológicos importantes para la vida cotidiana de entonces: Fue el segundo país del mundo en difundir la televisión, y en 1958, justo un año antes de la Revolución, Cuba fue el segundo país en difundir la televisión a color.

Asimismo, en el mismo año, en Cuba había unas 160 estaciones de radio, captadas por más de un millón de oyentes. El número más alto de audiencia radial en Latinoamérica en esa fecha.

También en ese tiempo, mientras Fidel Castro y su guerrilla preparaban el asalto a La Habana y Santiago, Cuba era el país de Iberoamérica con mayor número de automóviles.

La historia dice que el fin de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos causaron que el precio del azúcar, motor de la economía en la isla y principal exportación en ese tiempo, se devaluara, lo que condujo a una crisis económica que desestabilizó el régimen de Batista, golpeado ya por la corrupción, y le dio alas a la Revolución.

El beisbolista revolucionario

Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en la finca Manacas, en el poblado de Birán, en Mayarí, oriente de Cuba.  Fue el hijo natural de Ángel, un inmigrante gallego, y su segunda cónyuge, Lina, con quien solo pudo casarse una vez se divorció, ya cuando Fidel tenía ocho años.

Desde niño se notó esa “superior capacidad intelectual” que mencionarían años después en el perfil psicológico de la CIA. Sus padres lo supieron y enviaron a Castro a estudiar a Santiago, en compañía de su hermana Angelita, bajo el cuidado de una profesora que había tenido en su pueblo natal.

Durante ese periodo Castro experimentó el hambre, pues con el dinero que le enviaban para su sostenimiento, la institutriz mantenía a toda su familia, según se lo contó al periodista e intelectual español Ignacio Ramonet en el libro ‘Fidel Castro: biografía a dos voces’.

Su gusto por la política despuntó desde que era un adolescente. El 6 de noviembre de 1940, a sus 12 años, Castro redactó de su puño y letra una carta para el entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en la que, además de felicitarlo por su reelección, le pedía que le enviara “un billete verde estadounidense de diez dólares”.

“Y si quiere hierro para hacer sus barcos yo le puedo enseñar dónde están las minas de hierro más grande de la tierra. Están aquí en Mayarí, Oriente, Cuba”, concluye la carta.

En 1945, después de pasar por muchos colegios y de mudarse a La Habana, Castro ingresa a la Universidad de La Habana, donde toma cursos de Ciencias sociales, Derecho diplomático y Leyes, diploma que recibe en 1950.

En ese tiempo, a sus 24 años, Fidel era un joven alto, fornido y atlético. Practicaba con devoción el béisbol, jugaba ocasionalmente baloncesto y tuvo un fugaz paso por el fútbol, como lo reseñó José Meléndez para El País de España. “Fidel era un futbolista de calidad regular. Pero era corpulento, musculoso, un jugador muy fuerte y, sobre todo, muy bravo. Ocasionalmente jugaba. No era un jugador titular en el equipo, pero le gustaba el fútbol”, le dijo Armando Montes de Oca Arce, excompañero de Castro a Meléndez.

Fue también a esa edad cuando se adentró en la política, influenciado por las ideas de Marx, Lenin y Martí.  Entonces, luego de ser un destacado líder universitario que apoyó, paradójicamente, la instauración de la democracia en República Dominicana, se lanzó en 1952 como candidato a la Cámara de Representantes. Pero el golpe de Estado de Batista truncó sus sueños electorales.

Castro denunció a Batista ante los tribunales por violar la constitución. Pero las autoridades judiciales rechazaron su querella y Fidel decidió que la única vía para derrocar el régimen era el levantamiento en armas.

Años después, en 1955, el dictador Fulgencio Batista cometió el que pudo haber sido el error más grande de su vida: después de haber logrado la captura de Fidel Castro en Sierra Maestra y de haber logrado que se le condenara a 15 años de prisión, decretó una amnistía que lo dejó en libertad después de 22 meses de pena.

Castro, de libertador a opresor

El 8 de enero de 1959, Fidel Castro pronunció su primer discurso público en La Habana tras el derrocamiento de Batista. “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en adelante todo será fácil. Quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer es el primer deber de todo revolucionario”, dijo.

En efecto, las políticas de Fidel Castro garantizaron reformas profundas en temas como la vivienda, la salud, la educación y el deporte, cuyo acceso se le garantiza a toda la ciudadanía, el costo que han pagado los cubanos es muy alto.

Contrario a sus ideales iniciales y a sus promesas de ese 8 de enero, sus políticas socialistas convirtieron su revolución en otra tiranía. Igual o peor que la que él había derrocado: La intensidad de la ‘Guerra Fría’, en la que Cuba se proyectó como un enclave vital para la URSS, y la paranoia generalizada de un líder “neurótico” –en palabras de la CIA—, hicieron que Castro estrechara la tenaza sobre los opositores.

A lo largo de sus años como líder de la Revolución, Fidel recibió fuertes críticas por partes de organizaciones, líderes mundiales y jefes de Estado por las flagrantes violaciones contra las libertades personales y derechos humanos de los cubanos.

“Si Castro fuese atacado en forma consistente por aquellos a quienes pide su aprobación, el resultado sería probablemente un desorden de su personalidad (…) excepcionales elementos neuróticos de su personalidad son el hambre de poder y su necesidad de reconocimiento y adulación por las masas: es incapaz de obtener completa satisfacción de cualquier otra fuente”, decía el perfil psicológico que hizo la CIA sobre Fidel.

Las prohibiciones, persecuciones, hostigamientos y retenciones fueron parte de la rutina diaria del régimen de Fidel, que hoy mantiene su hermano Raúl. De hecho, según cifras de Las Damas de Blanco, la represión en Cuba ha dejado por lo menos 273 presos políticos. Esto, sin contar las desapariciones indocumentadas que han denunciado disidentes y exiliados a lo largo de la Revolución.

Porque en Cuba, “no se experimentó una transición pacífica hacia la democracia”, diría después la socióloga cubana exiliada en Estados Unidos, profesora de la Universidad de Miami, Marifeli Pérez-Stable, en su ensayo ‘La transición pacífica que no tuvo lugar (1954-1956)’.

 “Ojalá que, tarde o temprano, Cuba sea, por fin, un país normal. La normalidad comienza con el reconocimiento de que no hay bien común más importante que los derechos y las libertades ciudadanas”, dice Pérez-Stable.

Con Fidel Castro, su historia, sus hitos, sus miedos y sus mitos, muere una de las piedras angulares del acontecer del mundo en el siglo XX. Amado por unos, odiado por otros, cambió por completo el devenir de su país y el panorama político de América Latina, que vio en su figura al líder de la primera revolución de izquierda en el hemisferio. Y al último revolucionario de la historia.

Redacción: Heinar Ortiz.

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