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Habitante de la calle se convirtió en un fotógrafo reconocido tras construir su propia cámara

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Habitante de la calle se convirtió en un fotógrafo reconocido tras construir su propia cámara

“El que quiere, puede”: esta frase es común en muchas culturas del mundo, y se refiere a que cualquiera que desee alcanzar grandes metas, siempre podrá hacerlo, independientemente de las limitaciones que haya a su alrededor.

Miroslav Tichý es una de esas personas, y a pesar de que falleció en el año 2011, su historia cautivó a muchas personas en el mundo.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Tichý inició sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Praga. Pero en 1948 abandonó el instituto educativo luego de que las modelos que posaban para los estudiantes fueron reemplazadas con obreros.

Por varios años, Tichý fue un habitante de las calles de Kyjov, Checoslovaquia, luego de que fue desalojado de su casa. El fotógrafo recolectó distintos tipos de elementos que encontraba en la basura: desde latas de sopa hasta cajas de vidrio. Fue en la década de los 60 cuando, con estos objetos, hizo su propia cámara, compuesta también por un tubo con metal y otros fragmentos de basura.

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El ascenso a la fama

Desde entonces, Tichý realizaba retratos de varias mujeres descansando en los parques, subiéndose al autobús o simplemente caminando, y los revelaba en variados materiales que no eran profesionales. Esto hacía que las imágenes obtenidas fueran borrosas o tuvieran enormes defectos, pero esto no lo detuvo.

Alrededor del año 2000 fue descubierto por el crítico del arte contemporáneo, Harald Szeemann, quien quedó fascinado por sus obras y organizó una exposición de las mismas en la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, que tuvo lugar en 2004.

Desde ese momento, los trabajos de Tichý fueron expuestos en importantes salas del mundo: París, Madrid, Nueva York, Palma de Mallorca, y más.

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Tichý falleció en el año 2011 y nunca fue a la inauguración de alguna de sus obras, pero sus ojos se llenaron de emoción y alegría cuando se le mostró el catálogo de una de sus exposiciones.

Retomamos la clásica frase al inicio de este artículo: “El que quiere, puede”.

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